El arquetipo del cenizo contemporáneo no tiene cara de profeta bíblico, sino de escritor de ciencia ficción. Las veces que estos tipos habrán narrado el apocalipsis, la hecatombe y la calamidad no se pueden contabilizar ni con una hoja Excel. Desde HAL, el ordenador psicópata de 2001: Odisea en el espacio, hasta el Terminator que viene del futuro para martirizar a la humanidad, pasando por el replicante de Blade Runner que había visto naves ardiendo más allá de Orión, el censo de máquinas malignas que nos ha proporcionado la narrativa deja atrás incluso al de humanos de carne y hueso que han destruido el mundo por el mero placer de vernos sufrir. Lo que digo, una caterva de cenizos.

Pero todos esos malvados mecánicos eran producto de la tecnología punta. Se supone que HAL, por ejemplo, era la obra maestra de la NASA, al igual que el replicante interpretado por Rutger Hauer era el modelo más avanzado de Tyrell Corporation, cuyo lema era “Más humanos que los humanos”. Una cuestión muy distinta es que un adolescente gamberro y no muy brillante pueda crear una inteligencia maligna mientras se esconde en el garaje para que sus padres no le vean usar el teléfono fuera de horas. Eso daría más miedo todavía, ¿no es cierto? Bien, veamos.