Las nominaciones a los Oscar, al menos en sus mediáticas y muy discutidas categorías interpretativas, suelen repetirse cada año siguiendo un patrón muy reconocible. Los cupos están claros: un par de estrellas de moda a las que sentar en primera fila, la vieja gloria recuperada para alimentar una emocionante historia de redención, el invitado internacional que expanda el alcance de la gala más allá del continente y el reconocimiento a algún nombre habitual de la industria, prestigioso pero postergado, cuya sola presencia dote de lustre al premio. Fernanda Torres, Isabella Rossellini, Michelle Yeoh o Jamie Lee Curtis han ocupado esta última casilla en las ediciones más recientes. Ahora, todo indica que será otro nombre célebre, el de Amy Madigan, quien se sume a esa lista.
A sus 74 años, Madigan vive uno de esos momentos insólitos que tanto gustan en las colinas de Los Ángeles: la veterana que, de un día para otro y sin campaña de marketing mediante, se convierte en sorprendente fenómeno cultural. “Denle un Oscar. Es la villana más aterradora de los últimos tiempos”, clama Vulture. “Es la interpretación del año”, ratifica Sarah Paulson. “Se merece el premio”, añade Los Angeles Times, mientras los grandes medios estadounidenses se afanan en actualizar perfiles sobre ella que llevaban décadas obsoletos. Su papel como la misteriosa tía Gladys en Weapons, el filme de terror que retrata el trauma colectivo de una comunidad tras la desaparición de todos los niños de una clase de primaria —excepto uno—, la ha catapultado a icono estival cinematográfico, carne de memes e inspiración estética para el próximo Halloween gracias a ese look que evoca a la diseñadora Zandra Rhodes y a Bette Davis en ¿Qué fue de Baby Jane?






