Son poco más de cien millas (unos 160 kilómetros) que se pueden recorrer en cuatro horas, pero los billetes para realizar el trayecto costaban hasta 7.000 euros. Es el precio que cobraba una organización criminal a los migrantes que querían realizar el viaje entre Argelia y Almería de forma clandestina en embarcaciones de alta velocidad, lanchas en cuya adquisición y construcción la red mafiosa había invertido más de un millón de euros. La banda ha sido ahora desmantelada por la Guardia Civil tras detener a 14 personas e investigar a otras ocho en una operación, denominada Nautilita, desarrollada en las provincias de Murcia, Sevilla y Alicante, además de la almeriense. La actuación policial también ha permitido intervenir 15 embarcaciones neumáticas con motores de hasta 425 caballos, además de dos armas de fuego.

Almería fue en 2024 el epicentro de las entradas irregulares a la península. Los datos del Ministerio del Interior reflejan que el año pasado llegaron 4.067 personas a las costas de la provincia, sobre todo a través de la llamada ruta argelina. La mayoría procedía de Argelia y tuvo como destino las playas del entorno del parque natural Cabo de Gata, que cuenta con multitud de pequeñas calas alejadas de núcleos de población y el desembarco pasa más desapercibido. Fuentes policiales explican que se trata de un viaje de ida y vuelta. Organizados por grupos criminales, las barcas llegan a toda velocidad a la costa almeriense, desembarcan a los migrantes y vuelven con la misma rapidez hasta su puerto de origen en territorio argelino. No siempre lo consiguen y por eso los titulares sobre la detención de los patrones de los botes que llegan a Almería —la mayoría jóvenes veinteañeros— son frecuentes. Es una ruta peligrosa —hace apenas un par de semanas dos hombres murieron y otros dos resultaron heridos de gravedad— pero la rapidez con la que se puede realizar ha hecho que sea la principal vía de entrada de la inmigración irregular a España.