Hace ya veinte años se decidió proteger uno de los espacios más representativos de la postal de Benidorm: La Serra Gelada. Desde sus laderas, los turistas inmortalizan diariamente las playas y los rascacielos de una de las capitales del turismo. Sus montañas contrastan con la estampa urbana. La Serra Gelada (Sierra Helada) se convirtió en el verano del 2005 en el primer parque natural marítimo-terrestre de la Comunitat Valenciana con un total de 745 hectáreas repartidas con las vecinas localidades de l’Alfàs del Pi y Altea. Lo que entonces nadie imaginaba era que una parte de ese suelo pudiera terminar costando al Ayuntamiento de la localidad alicantina más de 340 millones de euros que puede provocar la quiebra técnica del municipio.

La compleja historia de ese suelo comienza antes. En 2003, los propietarios, la familia Murcia Puchades, suscribían un convenio con el consistorio, encabezado entonces por Vicente Pérez Devesa (PP), para ceder esas parcelas a cambio de aprovechamientos urbanísticos en otros sectores de la ciudad.

Cuando la Generalitat Valenciana impulsa la declaración de Serra Gelada como parque natural dos años más tarde, lo que impide toda posibilidad de construir en aquellos terrenos, la familia Puchades no pone ningún pero: entendía que el convenio era válido y que debía cumplirse el compromiso ampliado después mediante prórrogas sucesivas, en 2010 y 2013, con el socialista Agustín Navarro en la alcaldía.