Danilo Torres apunta con su móvil al horizonte en una llanura en medio de Castilla y León. En la pantalla, la aplicación de realidad aumentada le muestra a qué altura estará el Sol el 12 de agosto de 2026 a las 20:29. Y es que el primero de los grandes eclipses que se podrán ver en España en los próximos dos años ocurrirá al final de la tarde. En agosto el ocaso no ocurre hasta casi una hora después, pero a Torres le preocupa que el sol estará muy bajo —en muchos lugares de la banda de totalidad, a menos de 10 grados sobre el horizonte—, y una casa o un árbol pueden frustrar las observaciones. Sin embargo, al mirar la pantalla, comprueba con satisfacción que el paisaje frente a él estará totalmente despejado.
“Hace más de un año que vi este lugar por internet y tenía la intuición de que nos podía servir, pero faltaba revisar la visibilidad para el eclipse”, explica sin esconder su entusiasmo por el lugar, que por lo demás es ideal como centro de operaciones. Es una casa rural en el pueblecito burgalés de Padilla de Abajo, y tiene espacio suficiente como para desplegar las tiendas de observación y alojar a una docena de científicos en sus instalaciones. La casa también cuenta con piscina, algo que Torres sabe que los investigadores agradecerán para afrontar el calor del verano castellano.






