Cuando Hansi Flick fichó por el Barcelona, un empleado del área deportiva de la entidad azulgrana le preguntó a Robert Lewandowski cómo evaluaba su fichaje: “Llega tu tío, ¿estás contento?”. Sonriente, con picardía, el delantero polaco le contestó: “No es mi tío, es mi padre”. Flick había explotado una de las mejores etapas en la vida del delantero en el Bayern, cuando el equipo de Baviera se quedó con el sextete en 2021 —Bundesliga, Copa de Alemania, Champions, Supercopa de Europa, Supercopa de Alemania y el Mundial de Clubes—, segundo equipo en Europa en conseguirlo tras el Barça de Guardiola. Había otro detalle, nada menor: Flick y Lewandowski comparten agente, Pini Zahavi, amigo también del presidente Joan Laporta.
No era solamente nostalgia la alegría del polaco. En la última temporada de Xavi Hernández la relación entre ambos se había deteriorado tanto que hasta el técnico catalán había pedido su cabeza para continuar en el banquillo. Un pedido que terminó por desquiciar a Laporta y compañía, ya sin confianza en la capacidad del técnico catalán. La llegada de Flick, entonces, ahuyentó a los que, como Xavi, lo querían fuera del club. ¿Los argumentos? Su elevado salario —el curso pasado era el jugador con el sueldo más alto, 32 millones—, además de considerarlo un compañero egoísta y un tapón para el ataque del Barcelona. “Creo que la primera vez que hablé con él este año fue en el período en que el Barça estaba buscando un nuevo entrenador. Fue un período corto, de unas dos o tres semanas antes del inicio del verano. Cuando recibí la información, estuve muy feliz porque sabía lo que iba a pasar”, expuso Lewandowski sobre el técnico alemán en una entrevista a The Athletic.






