A Donald Trump le gusta que le digan lo bien que lo hace todo. Así que no es de extrañar que, al comienzo de la cumbre sobre Ucrania del lunes, se vanagloriara de ser el presidente que más líderes ha recibido de una sola vez en la Casa Blanca. Eran tantos los europeos llegados para hablar con él sobre la guerra en Ucrania que tuvieron que reunirse fuera del Despacho Oval. La satisfacción del mandatario estadounidense por ese récord fue un primer indicio de que la estrategia europea de acudir en masa a acompañar al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en su segunda y muy sensible visita al republicano en menos de seis meses, podía salir todo lo bien que cabe esperar ante un mandatario tan imprevisible como Trump. Aunque los resultados no estaban garantizados.
“Fue una conversación entre amigos, entre aliados estrechos que se respetan y se gustan y se conocen muy bien”, aseguraba tras las más de seis horas de reuniones a la cadena Fox News —una de las más afines a Trump— uno de los participantes, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
El holandés es uno de los mayores defensores de Trump en una Europa que sigue mirando con mucho recelo a un presidente que ha demostrado una y otra vez su desdén. Pese a que ha sido objeto de críticas y mofas por sus sonrojantes elogios al magnate republicano, sobre todo durante la cumbre de la Alianza Atlántica en junio en la que se aprobó el aumento del gasto militar al 5% del PIB, Rutte no ha cejado en su estrategia.















