España celebra este fin de semana la Asunción de la Virgen, y el país se ha convertido en un mapa de verbenas, ferias y desplazamientos. La Dirección General de Tráfico (DGT) mantiene activa la operación especial de agosto, con más de siete millones de viajes previstos hasta el domingo. En calles y plazas cuelgan guirnaldas, las casetas huelen a fritanga y las orquestas alargan la noche. Pero sobre ese ambiente festivo se impone otro mapa mucho más inquietante: el de los incendios.

Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, la superficie afectada en España supera ya este verano las 115.000 hectáreas. Los últimos partes de emergencias contabilizan además tres víctimas mortales. La coincidencia entre el pico festivo del verano y el punto más crítico de la temporada de incendios ha disparado las alarmas entre los expertos y ha puesto a los ayuntamientos de toda España ante un dilema: cortar de raíz una parte fundamental de los festejos como es, por ejemplo, el lanzamiento de fuegos artificiales, con el consiguiente enfado del personal, o seguir la hoja de ruta de las fiestas con escasas modificaciones y arriesgarse a una tragedia. Mientras miembros de los cuerpos de emergencias reclaman en muchos municipios lo primero, en muchos consistorios están optando por la patada a seguir.