El primer caso ocurrió el 19 de julio. Sobre las dos de la madrugada, una zona cercana al municipio de Teba (Málaga, 3.702 habitantes) empezó a arder. Parecía uno más de los incendios forestales que arrasan España este verano y la rápida acción de los bomberos de Campillos y Antequera evitó males mayores. Pero todo empezó a cambiar cuando similares circunstancias empezaron a repetirse con periodicidad: el entorno de la localidad ardió hasta en seis ocasiones en dos semanas. Saltaron las alarmas y la Guardia Civil arrancó una investigación que ha culminado con la detención de un hombre que ha confesado ser quien prendía la chispa en todos los casos. Tras pasar a disposición judicial, ha sido enviado a prisión acusado de un delito continuado de incendio.
Tras aquel primer caso, las salidas de las dotaciones de Campillos y Antequera del Consorcio Provincial de Bomberos —organismo dependiente de la Diputación Provincial de Málaga— se vieron obligadas a volver a Teba con frecuencia. El 28 de julio lo hicieron para apagar una zona de pasto que había empezado a arder pasadas las cuatro de la madrugada y que tenía dos focos diferentes. Tres días después, el 31, acudieron de nuevo. “Salida dotación bomberos de Campillos por incendio de vegetación en el término municipal de Teba”, se anunciaba en el perfil de X (antes Twitter) del consorcio. El 1 de agosto repitieron actuación. Y tan solo días después tuvieron que sofocar otra vez el fuego. Esta vez, de nuevo en un pasto, aunque ya a las cuatro de la tarde.










