Su accidentada investidura fue un presagio de lo que vendría después. El canciller alemán, Friedrich Merz, llega a sus 100 días en el cargo con cada vez más líneas divisorias tanto dentro de los partidos como entre ellos, que reflejan la fragilidad de una coalición de Gobierno que se fraguó a gran velocidad entre democristianos y socialdemócratas conscientes de que la crisis de la economía alemana y la inestabilidad política internacional no podía esperar más.
Contra todo pronóstico, Merz fracasó en la primera ronda para ser elegido canciller el pasado 6 de mayo, algo inédito en la historia de la República Federal de Alemania. Tras unas horas de nerviosismo, finalmente se organizó una segunda votación y esta vez sí salió elegido como canciller. Pero el daño ya estaba hecho. Ese día dejó constancia de las primeras grietas de una alianza que muchos parecían haber aceptado a regañadientes.
La coalición de Gobierno no es un “matrimonio por amor”, como ha dejado claro el presidente del grupo parlamentario de la Unión —formada por la Unión Cristianodemócrata (CDU) y la Unión Cristianosocial (CSU)—, Jens Spahn, con motivo de los 100 días de gobierno, por si aún había alguna duda. El aniversario que se cumple este jueves llega en época de vacaciones, donde tradicionalmente los políticos permanecen apartados de la palestra.













