Un viejo aforismo asegura que Villanueva del Arzobispo (7.700 habitantes, Jaén) es el pueblo de las tres mentiras: porque no es villa, no es nueva ni tiene arzobispo. En cambio, las certezas en este municipio olivarero tienen que ver con la realidad que se ha dibujado en los últimos años, con un cambio sociológico, tranquilo y silencioso, que le ha llevado a ser uno de los principales destinos de la inmigración que llega a España para trabajar en la agricultura. Actualmente, un millar de habitantes, el 13% de su censo, son extranjeros de hasta 15 nacionalidades diferentes, mayoritariamente marroquíes, y casi un tercio de sus aulas tienen rostro multiétnico, porcentaje que en un centro del vecino municipio de Villacarrillo se eleva hasta el 50%.

La llegada de trabajadores temporeros a las campañas de recolección de la aceituna a partir de los años 90 ha impulsado un asentamiento estable paulatino de personas migrantes en la provincia de Jaén. Pero en el caso de Villanueva del Arzobispo estamos ante un caso excepcional por el crecimiento exponencial que están registrando los nacidos en esta tierra y que forman parte de la segunda y tercera generación de migrantes. Es el caso de Bouchad y sus hijos Abblilah y Arreda, una familia marroquí que ya regenta un negocio en el pueblo.