En la esquela de Abel Ramos Falagán destaca su relativa juventud, 35 años, en una tierra donde eso no abunda. Quintana y Congosto (León, 215 habitantes) ha perdido a un vecino nacido allí, aunque instalado en la cercana La Bañeza. Las raíces le tiraban fuerte y lo llevaban a ofrecer cualquier ayuda desde su empresa de construcción. Solía prestar su maquinaria para apaños durante los festejos patronales, pero esta vez aportó las desbrozadoras para tratar de proteger al pueblo de las llamas del incendio de Molezuelas de la Carballeda, originado en Zamora y extendido sin control hasta León. Ramos se ofreció al puesto de mando, lo enviaron a una zona boscosa y allí murió envuelto por las llamas, convirtiéndose en la primera víctima mortal de la oleada de incendios de entre León y Zamora.

Su pueblo sigue desalojado, entre el humo que siguen escupiendo algunas casas alcanzadas por el frente y las arboledas de alrededor. La presencia de ladrillos y bloques de piedra en las aceras y calzadas revelan que allí ha habido una especie de explosión en esta guerra de fuego. Por allí caminan con la cabeza gacha varios amigos de Abel, que prefieren no dar su nombre, mientras recuerdan a su colega: era vicepresidente de un club motero en La Bañeza, impulsor de un rally por los alrededores y, ante todo, “muy implicado”. Tanto, que en cuanto asomó el humo, agarró dos de sus máquinas, alquiló otra y se plantó en Congosto, uno de los dos núcleos del municipio.