“Prenda de dormir, generalmente de mujer, que cubre el tronco y cae suelta hasta una altura variable de las piernas”. En la propia definición del camisón en la RAE se encuentra el matiz importante: es una prenda principalmente femenina. En sus sinónimos —pijama, picardías— se advierte ya un doble sentido. Es, al mismo tiempo, una

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ref="https://elpais.com/smoda/pasarelas/como-vestir-un-camison-sin-que-parezca-un-salto-de-cama.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/smoda/pasarelas/como-vestir-un-camison-sin-que-parezca-un-salto-de-cama.html" data-link-track-dtm="">prenda diseñada para dormir y una prenda pensada para quitar el sueño. Hoy, que el camisón vive una nueva edad de oro entre las mujeres que hacen apostolado de otros tiempos (Nara Smith, Ballerina Farm), se confirma que esta prenda, que a priori podría parecer de lo más inofensiva, es un campo de batalla simbólico que refleja las transformaciones sociales, culturales y políticas en torno al cuerpo femenino y el papel de la mujer en la sociedad.

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Un repaso rápido a la historia del camisón nos lleva a los siglos XVIII y XIX, cuando surgió esta prenda específica para dormir: la camisa de noche o camisón, que usaban por igual hombres y mujeres. Un salto al siglo XX nos presenta a los hombres cómodamente vestidos para la cama con un pijama, primero los de clase alta y después todos los demás, y a las mujeres posvictorianas con un camisón largo, opaco, con mangas hasta la muñeca y cuellos cerrados. La virtud se medía por los centímetros de la tela y una mujer “decente” debía ser recatada incluso en la intimidad, porque la mujer ideal era casta y obediente.