A través de las redes sociales, Javi Martínez Onsalo, dirigente de las juventudes de Vox, calificaba este miércoles de “hazaña” lo conseguido por su partido en la localidad murciana de Jumilla y exhibía una noticia de La Gaceta de la Iberosfera. “Una moción de Vox logra prohibir celebraciones islámicas en dependencias municipales y en la vía pública”, titulaba el periódico de la fundación Disenso, que preside el propio Santiago Abascal. Pese a la euforia del joven, la noticia ha desaparecido de la web ultra, quizá porque era exagerada —la moción, enmendada por el PP, no prohíbe celebraciones religiosas musulmanas en la vía pública, sino solo en instalaciones deportivas municipales— o por temor a provocar reacciones adversas, como la de la Conferencia Episcopal, que la ha reprobado por atentar contra los derechos fundamentales de todo ser humano.

Se trata, en todo caso, de un salto cualitativo ya que, por vez primera, Vox consigue sacar adelante en una institución pública, aunque sea parcialmente y con el apoyo del PP, una moción que no señala a los inmigrantes por ser presuntamente culpables de cometer delitos o de colapsar los servicios públicos, sino solo por tener unas creencias religiosas que, a su juicio, resultan “incompatibles con la identidad, usos y costumbres de la nación española”, como rezaba la propuesta inicial de Vox.