La clásica conexión de 3,5 mm para auriculares fue durante mucho tiempo el estándar universal para escuchar música, vídeos, películas o atender las llamadas telefónicas desde el móvil. Sin embargo, hace menos de una década se inició un importante cambio que ya no tendría vuelta atrás: su progresiva sustitución por un puerto USB-C, el mismo que se usa para cargar el teléfono o transferir datos.
Los primeros pasos se dieron en 2016. Apple eliminó directamente la conexión jack de 3,5 mm en favor del conector Lightning, y poco después los fabricantes de dispositivos Android harían lo propio apostando por el USB-C. Y aunque la idea generó polémica, tenía sentido: liberar espacio interno, simplificar el diseño y ofrecer un audio de mayor calidad. En la actualidad, este tipo de conexión se ha convertido en la norma, especialmente en dispositivos móviles de gama media y alta.
La forma más sencilla de diferenciar unos auriculares con conector USB-C de otros que usan el clásico jack de 3,5 mm es fijarse en el tipo de clavija. Los primeros terminan en un conector plano, algo más ancho y de forma rectangular, mientras que los segundos cuentan con un conector cilíndrico, delgado y metálico, que suele tener una o varias anillas negras de plástico que actúan como aislantes.






