Ion Iliescu, el primer presidente de Rumania tras la caída del comunismo, ha fallecido este martes a los 95 años a causa de un cáncer de pulmón en un hospital de Bucarest, donde ingresó hace casi dos meses. Figura clave durante la transición rumana, fue un personaje controvertido sobre el que pesaban acusaciones de crímenes contra la humanidad por la violenta represión de las protestas de junio de 1990 contra el Gobierno que sucedió a la dictadura comunista que había sido derrocada seis meses antes.

Nacido el 3 de marzo de 1030 en Oltenita, una pequeña localidad del borde del Danubio, la infancia de Iliescu estuvo marcada por el abandono de su madre cuando tenía un año y el activismo político de su padre, un trabajador ferroviario que pasó cuatro años en la Unión Soviética y, posteriormente, encarcelado por su afiliación comunista, lo que hizo que sus abuelos lo criaran.

Durante su periodo de instituto se mudó a varios centros de prestigio de Bucarest como Spiru Haret. En 1950, fue admitido en el Instituto Politécnico de Bucarest, donde se especializó en Hidroenergía y Gestión del agua. Al acabar la carrera, continuó sus estudios en el Instituto Energético de Moscú. En la capital por aquel entonces soviética, Iliescu ocupó el cargo de secretario de la Asociación de Estudiantes Rumanos, donde desarrolló sus habilidades de liderazgo y creó una red de contactos políticos.