Bonnie Blue se tumba desnuda en el suelo de una habitación y comienza a mover en aspa sus brazos y sus piernas, como esos niños que en las películas dibujan en la nieve la silueta de un ángel. En su caso, lo que la rodea son cientos de condones y sus envoltorios esparcidos por toda la sala. La estrella internacional del porno online, con cerca de un millón de suscriptores en la plataforma OnlyFans, acaba de culminar con éxito su último desafío. Ha sido penetrada, azotada y manoseada, pero también acariciada y deseada durante 12 horas seguidas por más de mil hombres (1.057, para ser exactos) que han acudido a su llamada a través de las redes sociales.
A diferencia de otras propuestas pornográficas, en las que actores profesionales ponen en escena, con un guion básico, las fantasías sexuales de los espectadores, ella ha optado por una fórmula más atractiva para muchos consumidores de este material: convoca a hombres —preferiblemente con 18 años recién cumplidos o casados— para que tengan sexo gratis con ella. A cambio, deben dar su consentimiento para ser grabados. Será ese contenido el que se venderá en redes. Se les ofrece la opción de tapar su rostro con una capucha.
Bonnie Blue, la estrella del porno, o Tia Billinger (su verdadero nombre), la chica de 25 años de Derby que abandonó su trabajo en el departamento financiero de la sanidad pública británica para comenzar a producir contenido pornográfico y llegar a ganar más de dos millones de euros mensuales, pero que pasa sus horas libres encerrada en una habitación con su equipo de asistentes y se entretiene haciendo puzles. ¿Quién es el personaje que ha revolucionado el mundo de la pornografía y tiene legiones de fans, pero también de haters que le envían centenares de insultos y hasta amenazas de muerte? ¿Es una mujer empoderada que ha tomado las riendas de una industria misógina y cerrada? ¿Un genio del marketing? ¿O alguien que con su negocio ha provocado un retroceso de décadas en la lucha del feminismo?











