Miguel Ríos García volvía desde Monterrey hacia Nuevo Laredo, en Tamaulipas, cuando recibió una llamada de su hijo, que trabajaba en ese momento en su negocio de reparación y venta de teléfonos celulares. En la llamada, Miguel solo alcanzó a escuchar: “Papá, papá...” cuando se cortó la comunicación. Apenas pudo contactarlo, escuchó las amenazas de los soldados hacia su hijo y empleados. Entonces, comenzó a publicar en su cuenta de Facebook para que la gente de la zona le informara en qué puntos de la ciudad se movían los vehículos oficiales, responsables del atraco. Comenzó una inusual escena: ciudadanos enfurecidos, guiados por la transmisión en vivo de Ríos García, persiguieron y acorralaron el camión blindado hasta lograr detener a los militares.

La transmisión duró más de una hora y llegaron a conectarse a ella más de 20.000 personas en directo. Este aparente arrebato de valentía por parte de Miguel Ríos estaba motivado por el hartazgo. Durante los primeros momentos en los que se decide a comenzar a grabar desde su camioneta, en compañía de su esposa, una de sus hijas y una sobrina, Ríos va contando cómo es la “segunda o la tercera vez” que los militares le roban dinero de su negocio.