Con unos cuantos millones en el bolsillo, de vacaciones en un casoplón de Mallorca y una copa de martini en mano, Hailey Bieber, antes Baldwin, disfruta del verano de su vida. Recientemente ha cerrado la venta de su marca de cosméticos Rhode a Elf Beauty por la friolera de mil millones de dólares; una empresa que fundó hace apenas tres años, y que vende tan solo diez productos.

En el plano personal, ha superado un postparto difícil, en el que la dismorfia corporal le empujaba leer los comentarios de haters online para validar sus pensamientos negativos. Ahora descansa de vacaciones con su hijo Jack Blues, a punto de celebrar su primer cumpleaños, y su marido, la estrella de pop Justin Bieber que acaba de sacar nuevo disco. También presume de portada en solitario en el Vogue estadounidense, contradiciendo a su marido, que le había advertido que nunca lo conseguiría.

Rhode hace referencia al segundo nombre de la empresaria, y como todo lo que tiene que ver con la marca, gira en torno a su figura. Observando las imágenes publicitarias de la marca, que podrían confundirse con fotos personales de Instagram con nada menos que 55 millones de seguidores, es muy difícil no sentir curiosidad por todo lo que proponen. El labial con péptido de edición limitada, el colorete Tan Line que sugiere marcas de bronceado. Por no hablar de la famosa funda de móvil en diferentes colores de edición limitada, inspirada en un apaño de Hailey para agarrar su pintalabios en el teléfono.