Los amantes de un buen vino saben que las condiciones de conservación y la temperatura a la que se sirve son claves a la hora de disfrutar de un buen caldo. Y, para conseguirlo en casa, la mejor opción es una vinoteca.

Los frigoríficos especialmente diseñados para conservar botellas de vino incorporan en su interior baldas para colocarlas de forma segura, mantienen altos niveles de humedad en su interior (lo recomendable es alrededor del 70%), incluyen sistemas antivibración y cuentan con protección ultravioleta de la luz, además de permitir seleccionar una temperatura de entre 4 y 22 grados (en función del modelo). En cualquier caso, los expertos recomiendan establecerla entre 12 y 18ºC, y será diferente en función del tipo de vino.

Para esta comparativa seleccioné cuatro vinotecas de distintas marcas que comparten una característica: todas son compactas y versátiles, diseñadas para espacios reducidos o de tamaño medio. Según el modelo, las coloqué en diferentes lugares de casa —en la cocina, el salón o un pasillo— buscando siempre el espacio más adecuado para su tamaño y función. Durante un mes, guardé en ellas botellas de vino tinto, blanco, rosado y, en algunos casos, también cervezas y refrescos, según la versatilidad que ofrecía cada vinoteca.