El baloncesto femenino pedía a gritos una rivalidad de ese calibre. Caitlin Clark contra Paige Bueckers, la reina de Iowa contra la princesa de Minnesota. Dos mujeres blancas de la misma edad y estatura que comparten posición en la cancha y batieron plusmarcas de éxito precoz en el baloncesto universitario antes de dar el salto a la WNBA, la mejor liga del planeta. Clark fue la número uno en el draft de abril de 2024 y fue a parar a Indiana Fever, una franquicia en horas bajas a la que clasificó para los playoffs por primera vez en 10 años. Bueckers, tras romperse el ligamento cruzado y pasar año y medio en el dique seco, entre 2022 y 2023, fue número uno de abril de 2025 y aterrizó en Dallas Wings, un equipo sencillamente desastroso al que, gracias a ella, se le empieza a intuir un futuro brillante.

Pero las similitudes acaban ahí. Clark, tal vez a su pesar, es el orgullo de la cadena Fox y de podcasters ultraconservadores como Joe Rogan, blanca, católica y del Medio Oeste. Domina con férula de hierro el más afroamericano de los deportes. Si cuesta situarla en el espectro ideológico es porque rara vez habla de política, aunque sí se quejó, en cierta ocasión, de que su nombre fuese utilizado en campañas racistas y misóginas, como el conato de linchamiento digital que padeció en 2023 una de sus rivales, la afroamericana Angel Reese.