El lunes 29 de julio del año pasado, una multitud de venezolanos tomó las calles de las principales ciudades del país para rechazar los resultados electorales anunciados por el Consejo Nacional Electoral. Los datos de las presidenciales celebradas el domingo 28 difundidos por el árbitro, controlado por el Gobierno, otorgaban el triunfo a Nicolás Maduro. El mandatario no presentó pruebas que lo certificaran, mientras la oposición liderada por María Corina Machado y el candidato Edmundo González Urrutia publicaron una mayoría de actas electorales que demostraban lo contrario. Así, la ilusión popular de millones venezolanos esperanzados en un cambio político se estrelló con un régimen atrincherado.

El clima de transición pacífica se respiraba en todos los rincones de aquella campaña, como atestiguaban las encuestas de mayor credibilidad. Machado, la ganadora de la consulta ciudadana de primarias celebradas a finales de 2023 —inhabilitada por las autoridades— había logrado posicionar el nombre de González Urrutia. El veterano diplomático se presentaba como el candidato encargado de encaminar el país hacia la democracia. Esa aspiración se hizo viral. “Todo el mundo, con Edmundo”, era la consigna más escuchada durante semanas por las calles del país.