España ha superado en junio los 22 millones de trabajadores ocupados. Algunos minimizan o desprecian este dato. ¿Acaso 22,27 millones son pocos?

¡No! Es el récord absoluto en la historia de España. Es el doble de trabajadores desde 1984 (11 millones). Supera con creces el mejor registro de la EPA anterior a la Gran Recesión, el de 2007: 20,7 millones. Y de los posteriores al revés pandémico de 2020: adiós a las dos grandes crisis.

Además, el septenio que va de mitad de 2018 (primer Gobierno de Pedro Sánchez) a mitad de 2025 ha generado casi 3 millones de empleos nuevos: 2,93 millones (de 19,34 millones a 22,27), a razón de 418.591 anuales. Políticamente, compárese con la promesa electoral de Alberto Núñez Feijóo en 2023: crear un millón largo de empleos en una legislatura y llegar a 22 millones, algo más de 250.000 anuales. Cifra superada por la realidad de los 418.591 promedio de las siete últimas anualidades. Más: en el último año y medio se han generado 1,071 millones de empleos (cotéjese con el millón de Feijóo a lo largo de lo que preveía serían sus primeros… cuatro años).

La consiguiente reducción del paro marca también récord: el 10,29% sobre la población activa a final de junio. Es la cifra más baja desde 2008, justo antes de que la Gran Recesión nos atenazase: también, pues, al fin superada. Y dos veces y media inferior al récord histórico anual de desempleo, el 25,7% que en 2013 se alcanzaría con Mariano Rajoy en el Gobierno. Acertaba el PP con su añejo lema: “la mejor política social es el empleo”. Sí, pero, ¿gracias a quién?