El indescriptible sufrimiento infligido a la población civil de Gaza por parte de Israel —un asedio de rasgos medievales para el cual cuesta encontrar parangones en la historia reciente de la humanidad— desata una amplia ola de indignación internacional. A pesar de la evidente barbarie perpetrada contra los gazatíes, la comunidad internacional no ha actuado para frenar a Israel y protegerlos. Ha habido algunas iniciativas notables, como la emisión por parte del Tribunal Penal Internacional de una orden de arresto contra Benjamín Netanyahu o la demanda de Sudáfrica contra Israel por genocidio ante el Tribunal Internacional de Justicia, que ha ordenado medidas cautelares. Pero no ha habido ningún movimiento realmente capaz de alterar el curso de los acontecimientos. ¿Por qué?
El núcleo esencial de la respuesta es el papel habilitador de Estados Unidos, tanto en términos de cobertura diplomática internacional como de facilitador material. Washington suministra todos los años a Israel ayuda militar por valor de 3.800 millones de dólares, cifra a la cual hay que sumar otras partidas específicas desembolsadas para sostenerle en esta campaña, como la de 8.700 millones aprobada en abril de 2024.






