En el verano de 2009, con motivo del estreno de su película Enemigos Públicos, la Cinematheque Française organizó un encuentro en París con el director estadounidense Michael Mann. Entre el público, un hombre pidió la palabra y dijo: “No sé si sabe que Heat es un referente absoluto para el crimen organizado. He sido gánster. No presumo de ello. Acabo de pasar diez años en prisión. He asaltado furgones blindados y joyerías y para ello tuve un asesor, un profesor, una especie de mentor que se llama Michael Mann. ¿Es consciente de que hay criminales que se inspiran en su cine?”.

El director, visiblemente desconcertado, solo acertó a pronunciar estas palabras: “Gracias... No sé qué decir”. El interviniente no iba de farol. Se trataba de Redoine Faïd, uno de los criminales más famosos de Francia, que ha protagonizado algunos de los robos y las fugas más espectaculares de la historia del país vecino. Faïd había visto Heat “cien veces”, según declaró. Especialmente, para diseccionar la escena del robo del furgón blindado con el que arranca la película y que copió en su primer gran asalto.

Esta anécdota, quizá una de las intervenciones más sorprendentes de la historia de los turnos de preguntas, sirve para ilustrar el espectacular impacto de este film de Mann, que ya nació como un gran evento cinematográfico por ser la primera vez que dos leyendas de la interpretación, Robert De Niro y Al Pacino, compartían pantalla (ambos aparecían en El Padrino II, de 1974, pero nunca en una misma escena juntos). Junto a ellos, secundarios de lujo como Val Kilmer, Ashley Judd, Jon Voight o Natalie Portman.