A varios de los venezolanos que regresaron del Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) a Venezuela les quedaron las muñecas y los tobillos marcados. Estar hincados con las manos atrás o caminar agachados esposados de manos y pies fue parte de la rutina diaria en los cuatro meses recluidos en la prisión salvadoreña, la megacárcel de Nayib Bukele. Allí los envió el Gobierno de Donald Trump recurriendo a una antigua ley contra enemigos extranjeros: una parada infernal en su irregular proceso de deportación desde los Estados Unidos

Sometidos y agachados. Así los vio el mundo entero en los videos difundidos por el Gobierno de El Salvador. Y así estuvieron durante gran parte de su estancia en en el Cecot, una instalación impenetrable, construida supuestamente para apresar pandilleros y terroristas en el marco de la guerra contra las maras emprendidas por el presidente latinoamericano, que se tradujo en un régimen de excepción en marzo de 2022. Por eso, el 2% de la población adulta de su país está tras las rejas. Los 252 venezolanos son de los pocos que han podido contarlo, aunque cuando llegaron les dijeron que nunca más iban a salir de ahí.

Durante uno de los peores 131 días de su vida, a Ángel Bolívar Cruz, de 26 años, lo sacaron arrodillado de la celda. Lo llevaron al “pozo” (otros lo llaman “el hueco”, otros “la isla”), le dieron patadas en el pecho y le pisaron las manos con las esposas puestas. Le quedó una marca en la muñeca. Luego lo golpearon con una manguera en la espalda y lo dejaron solo en la oscuridad. En el pozo estuvo al menos dos veces. Una, porque se quiso volver a bañar para aplacar el calor con el que se cocinaban a diario por las enormes lámparas del galpón donde estaban recluidos. En otra oportunidad porque participó activamente en una de las dos revueltas que armaron los venezolanos para exigir mejores tratos. “A todos nos dieron golpes de bienvenida cuando llegamos”, dice Ángel, detenido en Estados Unidos por no tener documentación el 23 de diciembre de 2024 en Dallas, mientras trabajaba como repartidor. “Pero a mí me golpearon demasiado”.