Quedarse atrapado en la ciudad a finales de julio no tiene por qué ser una condena. También se puede elevar el espíritu descubriendo qué se cuece en el mundo del arte emergente y esquivando las colas en las atracciones turísticas habituales. Hasta el 4 de septiembre está en marcha Art Nou, el festival veraniego que visibiliza y conecta a las nuevas generaciones del arte. El certamen llega a su decimocuarta edición con un cartel de 40 artistas nacionales e internacionales menores de 35 años. El evento abarca 21 galerías, once espacios independientes y cuatro instituci...

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ones repartidos entre Barcelona y Hospitalet.

“Este año observamos que las y los artistas reflejan de una manera muy diversa las preocupaciones del presente: temas de identidad, reflexiones sobre las disidencias sexoafectivas, migración y racismo; pero también temáticas que giran en torno al cuerpo o reflexiones más formales desde la pintura o la escultura”, cuenta la directora de Art Nou, Pilar Cruz. Estas son tres citas destacables de una programación que incluye visitas guiadas, rutas semanales, charlas con artistas, performances, proyecciones y acciones en galerías.

La conocimos por sus clips ilustrados de Instagram donde la gente grita, vomita y le explota la cabeza y leímos sus memorias de niña migrada de Perú a Barcelona —Marrón, editada por Blackie Books—, pero qué interesante es el giro al corto documental que está desarrollando Rocío Quillahuaman. En sintonía con otros ensayistas visuales como John Wilson, lo suyo es una nueva comedia de la realidad a la que no perder la pista. La galería àngels barcelona del Raval proyecta Oralia, el corto de 14 minutos centrado en la figura de la madre de la artista, que trabaja cuidando y limpiando las vidas de otros desde hace cincuenta años. La obra homenajea la labor de esas mujeres que ordenan el caos de quien puede pagarlo y que casi siempre son tratadas con condescendencia en el discurso artístico.