Los expedientes se acumulan en la oficina de Carmen del Valle, quien tiene la misión de unir corazones solitarios. Del Valle, de 56 años, es la fundadora de Harmony, una agencia matrimonial que opera cerca del parque de El Retiro, en Madrid, y que en los últimos años ha visto un interesante giro en la edad de sus clientes. Bajo la promesa de unir vía teléfono móvil a millones de personas solteras, aplicaciones como Tinder rivalizaron durante casi una década con los negocios como Harmony. Ahora, tras una evidente desilusión por estas plataformas, las agencias de citas han notado que a las oficinas llegan jóvenes que no han cumplido los 30, un segmento que nunca antes había confiado en la figura del matchmaker, casamentera en inglés.
Uno de cada cinco clientes que se inscriben en Harmony actualmente tiene menos de 30 años, explica Del Valle por videollamada. Este es un segmento inédito para un modelo de negocio que estuvo históricamente enfocado en personas que sobrepasaban la cuarentena y que habían atravesado un divorcio o la ruptura de una relación larga. Los nuevos usuarios vienen de romper con sus cuentas de Tinder, cuenta Del Valle, quien más allá de recibir a la generación Z en sus oficinas, ha creado todo un sistema de apoyo en su negocio para que estos perfiles tengan éxito en su búsqueda.






