Catania está envuelta en una neblina blanca, que borra el horizonte en el mar, como si la tierra se estuviera evaporando, al llegar al aeropuerto a las diez de la mañana de este martes. El termómetro marca ya 35 grados, pero eso no es nada con lo que se espera, o más bien se teme, a lo largo del día: que Sicilia supere su propia marca de calor, que es el récord europeo, los 48,8 grados registrados el 11 de agosto de 2021 en Floridia, un pequeño pueblo a 65 kilómetros de Catania, en la provincia de Siracusa (al día siguiente también se alcanzó la máxima histórica española, 47,6 en La Rambla, Córdoba). En aquel entonces los diarios ya titularon “El infierno está en Sicilia” y cosas así, pero los servicios meteorológicos italianos han avisado de que quizá esta semana haya que inventar nuevas hipérboles, pues una ola de calor amenaza con batir el récord. De momento, se maneja la metáfora “llamarada africana”, debido a los vientos tórridos que vienen de ese continente, responsables del aumento de temperaturas. En términos más técnicos, un anticiclón subtropical. Durará hasta el sábado.
Este lunes ya se registraron 41,8 grados y este martes se esperaba un pico de hasta 47 en la misma zona de 2021, el triángulo entre Catania, Siracusa y Caltanisetta, el corazón de la Sicilia oriental y uno de los lugares más bellos de Italia. Este martes en los pueblos de la zona no se hablaba de otra cosa, del calor, y estaban pendientes de cuál sería la máxima. Rumbo a Floridia, el lugar del récord europeo, el termómetro del coche sube a saltos a medida que uno se aleja de la costa y entra en los campos amarillos y abrasados de la Sicilia interior, rotos en profundos barrancos por siglos de terremotos. Se alternan con campos de naranjos y limones.








