Si alguien imaginara quién está detrás de una de las mayores plataformas de contenido para adultos, pensaría en una figura masculina, misteriosa y quizá controvertida. En el caso de OnlyFans, esa figura existe: Leonid Radvinsky, empresario ucraniano-estadounidense y accionista mayoritario desde 2018. Pero el rostro visible del negocio es otro. Keily Blair (Dublín, 42 años), consejera delegada, y experta en ciberseguridad, lidera las negociaciones para vender la empresa, valorada en unos 8.000 millones de dólares.

El principal candidato a la compra es el fondo estadounidense Forest Road Company, especializado en medios digitales, energías limpias y tecnología. Pese a sus ingresos millonarios y a una base de usuarios en crecimiento, OnlyFans no es fácil de vender. El problema no es financiero, sino reputacional. Aunque la plataforma ha intentado diversificar su contenido –fitness, gastronomía, humor–, su marca sigue vinculada al trabajo sexual y la pornografía amateur.

El segundo gran obstáculo es legal. OnlyFans opera bajo una fuerte vigilancia regulatoria. Ha sido señalada, aunque de forma puntual, por alojar contenido con menores, abusos sexuales o trata de personas. Pese a los avances en verificación y moderación, estos casos han motivado investigaciones en varios países y mantienen a la empresa bajo escrutinio, sobre todo en EE UU y Reino Unido.