Quien califique las bodas como algo superficial o nimio está necesitado de un buen rapapolvo antropológico. Como toda celebración, como una unión de diversos grupos de personas de variadas procedencias y generaciones, un enlace es siempre un acontecimiento digno de observar. De ahí que el ser humano, de naturaleza curioso, se pare a cotillear toda boda, ya sea a las puertas de un pequeño Ayuntamiento o en las páginas de una revista. Y cuando los matrimonios se convierten en ventanas a las vidas de los ricos y poderosos, esas con las que los ciudadanos de a pie difícilmente pueden compararse, la fascinación es aún mayor. De ahí que resulte interesante que vivamos estos días en todo un sándwic...

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h de celebraciones: la semana pasada, la boda del inversor Alex Soros con la estratega política, íntima de los Clinton, Huma Abedin; la próxima, la del dueño de Amazon y uno de los hombres más ricos del mundo, Jeff Bezos, con la presentadora y piloto Lauren Sanchez.

Hay similitudes. Para empezar, millones, muchos millones. Los Soros, partiendo de George, el patriarca, de 94 años, han sido dueños de una fortuna de 25.000 millones de dólares, pero en 2017 transfirieron buena parte (unos 18.000) a Open Society, su organización benéfica y vehículo de sus inversiones, y hoy cuentan con apenas 7.000 millones. Más aún tiene Bezos: unos 230.000 millones. De ahí que ninguna de las bodas sea pequeña o discreta. La de los Soros ha durado un par de días y ha quedado retratada en Vogue —para ello su gran jefa, Anna Wintour, es amiga de la novia, “mamá subrogada”, la llama—. La de los Bezos tendrá lugar durante tres o cuatro jornadas, con más de 250 invitados repartidos en cinco lujosos hoteles de Venecia y entre las protestas de un grupo de vecinos que se niegan a que su ciudad sea usada como un plató por millonarios estadounidenses que pueden disponer de ella a su gusto. En cambio, nadie ha abierto la boca para protestar por la de los Soros. Para eso la han hecho en los Hamptons, patio de recreo y playa favorita de la flor y nata de la costa Este. Y esa es parte clave en las diferencias.