Habían andado tanto porque ese lugar inhóspito, de caminos de tierra y de maleza, incrustado entre carreteras y autovías y que hoy parece solo un secarral, es el lugar de sus recuerdos más vivos, de las cosas que todavía no han olvidado. La pareja de ancianos rescatada en el municipio madrileño de Leganés el pasado 9 de junio, de 83 años el hombre y 76 la mujer, en una operación que resultó milagrosa por el deterioro cognitivo que ambos padecen, había emprendido una larga caminata hacia su propia lucidez.
El punto donde se los encontró no estaba cerca de su domicilio ni del centro. Tuvieron que atravesar más de siete kilómetros bajo un sol de justicia, hasta llegar al lugar donde, dicen los lugareños, algún día hace 60 años existió una laguna o un paraje natural que ambos frecuentaban de adolescentes, tal vez en sus primeras tardes de enamorados o quizá en compañía de más amigos. De eso sí se acordaban.
Puede que sus memorias a corto plazo ya no existan, que no alcancen a recordar el desayuno o la tarde de ayer, pero hay ciertos pasajes del pasado que quedaron grabados a fuego en sus cabezas. Hacia allí se dirigieron. La laguna, en cambio, tampoco existe hoy en la orografía de esos campos baldíos. El único signo de vida es una planta neumática escondida entre varios pinos. Más allá no hay nada, solo los cuatro carriles de M-45 que atraviesan la zona sur de la Comunidad de Madrid.






