“A veces pienso cómo algo tan casual ha dirigido mi vida completamente”, dice Emma Suárez (Madrid, 60 años). Sus padres vieron un anuncio para un casting de una película cuando ella tenía 14 años, la animaron a ir y de allí salió con su primer papel: la protagonista de Memorias (1980) de Leticia Valle. Su primer beso fue en el cine, en aquella película. Después vinieron varios títulos hasta que interpretó el papel de Rocío en La blanca paloma (1989), una película dura y polémica que le valió su primer premio, el Sant Jordi, y también la primera crítica importante a un papel suyo. Titulada sin más Emma Suárez, la firmaba Ángel Fernández Santos en este periódico, quien elogiaba su trabajo como pieza salvadora del filme. Aquella crítica fue la primera vez que un artículo se tituló sencillamente con su nombre, pero no la única.
El periodista Luis Alegre firmaba en 2016 una columna con el mismo título en la que recordaba el club EDES, Enamorados de Emma Suárez, que habían creado varios asiduos al Café Gijón entre los que estaba Manuel Vicent. La actriz y el escritor comparten además carta en el Mercato Ballaró, un restaurante italiano en Chamberí: la ensalada Emma Suárez es ligera, de rúcula, queso y tomates y el escritor da nombre a un carpaccio de corvina. La actriz frecuentaba el restaurante durante el largo tiempo que vivió en aquel barrio. Ahora se ha mudado más cerca de donde nació, justo cuando ha sentido el impulso interior de volver a hacer teatro para profundizar en el oficio. Por eso está de gira por España con El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite, a quien conoció en persona. “Alterno el teatro con el rodaje de Innato, una serie para Netflix que dirige Lino Escalera y en verano tengo un proyecto de cine muy bonito con Elena Anaya”, explica la actriz, que disfruta su nueva vida: “Paseando llego hasta las Vistillas, que es donde jugábamos de pequeños mis hermanos y yo. Soy muy de barrio”.






