David Lynch murió el pasado 16 de enero a los 78 años, un par de meses antes de que se celebrara el 35º aniversario de su serie más famosa y revolucionaria, Twin Peaks, y cuatro días antes de la toma de posesión de Donald Trump, algo que, como ha confesado ahora la hija mayor del director en una entrevista con el periódico The Times: “No era algo que le entusiasmara. Era algo que le preocupaba y se estaba planteando dejar el país”.

Jennifer Lynch, también directora de cine —tenía 21 años cuando su padre le propuso escribir El diario secreto de Laura Palmer, lo que iba a ser un spin off [una continuación] de Twin Peaks y acabó siendo una exitosa novela—, ha concedido una emotiva entrevista a la publicación en la que, entre otras cosas, revela que lleva las cenizas de su padre colgadas al cuello. O que era de madrugada cuando, recién acabado su trabajo en un plató de tele, recibió una primera llamada de uno de sus hermanos —que colgó— y otra más justo después que le hizo sospechar: “Supe que algo iba mal”, confiesa. En efecto, su padre había fallecido.

El director llevaba tiempo enfermo. En 2024 había revelado que sufría un enfisema pulmonar, pero que seguiría fumando a pesar del diagnóstico, que tampoco le iba a impedir seguir trabajando. Justo antes de su muerte, en pleno episodio de incendios en Los Ángeles, había sido evacuado por el peligro del fuego y la mala calidad del aire, pero se disponía a volver a su casa, cerca de Mulholland Drive: “Íbamos a reunirnos en su casa en una hora y media”, relata Jennifer a The Times. Antes de eso, en Navidad, el cineasta ya había avisado a sus cuatro hijos de que quizás era la última que pasaba con ellos, y así fue.