Luna de fresa, rosa o de miel. La primavera anuncia su fin con su última luna llena, una fase del satélite natural que representa el momento en que su órbita se inclina al máximo respecto al plano de la Tierra. Aunque su nombre puede evocar muchas cosas, en realidad no tiene que ver con su color. No se trata de un fenómeno astronónico ni del aspecto del satélite natural, sino más bien de un término que proviene de los pueblos indígenas americanos que la asociaban a la cosecha de fresas en Estados Unidos. Este año la luna ha alcanzado su posición más al norte posible, llegando a estar a 28.6 grados. Un fenómeno que no se repetirá hasta 2043.

Esta luna llena alcanzará su punto máximo a las 09.44 en la hora peninsular española del 11 de junio. Desde Madrid, el mejor momento para contemplarla será unas horas más tarde, en torno a las 21.30 de la noche, recomiendan desde el Planetario de Madrid. El fenómeno se debe a la posición de la línea de nodos, es decir, el punto donde la órbita lunar cruza la eclíptica, que es la órbita de la Tierra, y que no es fija. “Gira lentamente hacia atrás en sentido retrógrado, completando una vuelta cada 18 años y medio”, explica Javier Licandro, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias.