Austria es un país aturdido y sin respuestas después de que un joven de 21 años asesinase este martes a 10 personas en un instituto de secundaria de la ciudad de Graz (sur) antes de suicidarse. No se encuentran explicaciones, si es que las hay. Nadie entiende qué ha sucedido, qué llevó a un muchacho del lugar a entrar en su vieja escuela y disparar a los alumnos, los mismos que habrían podido ser sus compañeros hace unos años. Ni cómo puedo hacerse legalmente con la pistola y la escopeta. Ni qué sucedió para que nadie, ni la familia, ni los educadores, ni la policía, lo vieran venir.
“Graz permanece unido”, se lee en una pancarta negra, con letras blancas, colgada en la valla de la BORG Dreierschützengasse, el instituto federal del barrio cercano a la estación central de tren. Hay velas y flores por el suelo, algún osito de peluche y una corona blanca que han dejado de los hinchas del equipo de futbol local, el Sturm Graz. Es casi medianoche y una veintena de personas guarda silencio. Forman corrillos, hablan en voz baja, algunos llevan ropa oscura. En la puerta de la escuela, queda un cartel que alguien trágicamente desoyó: “Prohibida la entrada no autorizada”.
Austria es uno de los países del mundo más armados, según el estudio Small Arms Survey (Informe sobre armas pequeñas), de 2018. Con 30 armas por cada 100 residentes, se sitúa en la posición número 12, que encabeza Estados Unidos, pero por delante de países como Kosovo, Pakistán o Irak. En la UE, solo Finlandia y Chipre superan a Austria, según esta clasificación.













