Hay un Willem Dafoe para cada espectador. Para la mayoría es el actor que ha protagonizado taquillazos como Platoon, Arde Mississipi o La última tentación de Cristo. Hay quien lo identifica con el supervillano Norman Osborn en la saga Spider-Man. Otros lo rela...
cionan con el cine de autor de David Lynch, Lars von Trier, Sean Baker o Yorgos Lanthimos. Algunos incluso se habrán cruzado con su avatar en el videojuego Beyond: dos almas. Pero no tantos saben que fue cofundador de una de las compañías más influyentes del teatro experimental estadounidense, The Wooster Group, nacida en la efervescente escena neoyorquina de los setenta y todavía activa. Además ha trabajado con directores tan destacados como Romeo Castellucci o Bob Wilson. En España se le vio en 2012 en una impactante producción operística en el Teatro Real, Vida y muerte de Marina Abramovic, creada por Wilson y Abramovic, con música de Antony y William Basinski.
Pero las mil caras del camaleónico actor estadounidense todavía reservan sorpresas. A sus 69 años, Dafoe ha sido nombrado director artístico de la sección teatral de la Bienal de Venecia, una de las grandes citas de la escena europea de vanguardia, que estos días celebra la primera edición diseñada por el actor. A lo que hay que añadir la expectación que ha causado su participación como intérprete en uno de los espectáculos del festival, No Title. An Experiment (Sin título. Un experimento), estrenado el viernes. Dafoe es una presencia familiar en Italia desde que se mudó a Roma hace dos décadas tras su boda con la actriz y directora Giada Colagrande, pero no es común ver a una estrella de cine tan carismática actuando en un montaje que ya desde el propio “no título” advierte de su alejamiento de los patrones comerciales. En la distancia corta es tan magnético como en pantalla: en un segundo puede pasar de la expresión más dura a regalarte una sonrisa cargada de afecto.







