“¿Quién es esta mujer que veo en el espejo?”, dice el verso de la canción Gorilla, uno de los himnos que han convertido a la rapera británica Little Simz (Londres, 31 años) en una leyenda urbana a la estela de su adorada Amy Winehouse. “Introvertida, pero no tímida. Mi arte será eterno. Yo no me pongo límites”, fluían el año pasado las estrofas en la garganta de Simbiatu Simbi Ajikawo en La Pirámide, el escenario central del festival inglés de Glastonbury. Donde actúan los artistas consagrados. Una hora de triunfo que hipnotizó a los miles de asistentes al concierto.

Es la misma mujer menuda, envuelta en una enorme sudadera negra, que recibe a EL PAÍS en una pequeña sala de las oficinas londinenses de Sony Music. Tiene ojos de pantera, pero transmite la humanidad de quien se ha criado en el universo multiétnico que fue un tiempo el barrio londinense de Islington.

“Vaya donde vaya, en esencia sigo siendo una chica de Londres. Algo áspera. Vengo de un barrio donde había una fuerte sensación de comunidad. Todo el mundo conocía a todo el mundo; la familia turca de la tienda de la esquina, los vecinos angoleño-portugueses que siempre estaban montando barbacoas, la tienda de la familia china…Toda esta mezcla de culturas creaba un vínculo muy sólido”, explica Little Simz para retratar la combinación que ha producido una voz tan original y propia como la suya. “Yo intento, a través de mi música, que todo esto sea muy intergeneracional. Que padres e hijos puedan escucharla juntos y se sientan parte de algo más grande que ellos mismos”, dice.